La historia se repite
Dicen que el fútbol no es una ciencia exacta, pero cuando hablamos de la selección española de fútbol casi podemos afirmarlo. Cuando España afronta desde la humildad y desde la coherencia los partidos de las grandes citas el resultado casi siempre es positivo, pero cuando la coherencia se pierde, casi siempre en los mismos momentos de cada evento, y la humildad deja paso a un cruce entre prepotencia y pérdida de conciencia de la realidad, el resultado siempre es el mismo: derrota de España.
La actitud del entorno mediático ha sido de desprestigio hacia la selección francesa, como si de un equipo de veteranos ya retirados se tratara, obviando la calidad que atesoran jugadores como Makelele, Vieira, Zidane, Henry, y sobre todo, Ribery, el mejor del partido. Esto, unido al equipo pre-Mundial, es decir, aquel que nos llevó a todos al pesimismo antes de la cita, aquel donde Raúl era titular (hoy tras el sorteo de campo no ha vuelto a aparecer en las imágenes hasta que ha sido sustituido) y donde Cesc acompañaba a Xavi, el resultado ha sido el esperado, donde el centro del campo ha estado roto, sin enlace entre éste y el ataque, donde Villa y Torres parecían estar a kilómetros de los centrocampistas, España no ha tenido el balón en ningún momento, y encima no tenía medios para recuperarlo. Cesc ha aportado todo lo que se esperaba de él en un equipo que pretende hacer de la posesión del balón su tarjeta de visita, es decir nada. Ya lo dije en el análisis de partidos previos, Cesc es válido para otro tipo de sistema más para jugar a la contra, pero donde se debe tocar y tocar, su aportación es escasa. Para colmo, el tercer gol de Zidane ha sido obsequio de la casa.
Francia le hado un baño de juego a España de inicio a fin, jugando el partido siempre donde y como ha querido, mientras los hombres de Aragonés no se han adueñado del control del mismo en ningún momento, ni siquiera con el gol inicial de penalti de David Villa. Pernía sólo le faltaba aplaudir cada vez que Ribery le encaraba, Vieira y Zidane han campado a sus anchas, sin nadie que les presionara en la zona de creación, lo que facilitaba el ataque francés, y fruto de ello llegó el primer gol francés. Tanto Puyol como Pablo han sufrido con cada balón a las espaldas, los Xavis miraban y miraban, pero no sabían con quien jugar. Y como he dicho anteriormente, Torres y Villa veían el balón lejos, muy lejos. Y por allá entremedio había alguien con un 7 a la espalda, que ofreció simplemente lo que se esperaba de él.Con la entrada de Luís García y Joaquín, España pareció encontrar un poco el sitio en el campo, y fruto de ello llegaron dos claras ocasiones de cada uno de ellos. Pero fue sólo un espejismo. Francia siguió con su monólogo, llevando el partido allí donde quería, hasta que al final Vieira de cabeza, consiguió el gol que deshacía el empate. Zidane apuntilló en el descuento.
Francia ha demostrado, a pesar de no estar en su mejor momento, ser mucho más equipo que España, más sólido, más asentado, con más personalidad. España ha dado hoy la imagen a la que por desgracia nos tiene acostumbrado en las grandes citas, la de un equipo inexperto, sin el temple y la personalidad necesaria para sobreponerse en los momentos críticos, aquellos que siempre superan Italia o Argentina, por poner dos ejemplos, con una facilidad casi insultante.Nadie le puede reprochar a este equipo que no hayan puesto toda la ilusión, ganas, esfuerzo e ilusión, pero para hacer algo importante en un Mundial es necesario algo más que todo eso. Lo que sí se le puede reprochar a este equipo, o mejor dicho, a su entrenador y a todo el entorno mediático, es haber caído de nuevo, como cada Mundial, en muchos de los errores históricos que se han cometido Mundial tras Mundial.
Y la historia está para eso, para aprender de ella y evitar que se repita. Cuando se corrija eso, seguro que más de un partido como el de hoy se ganará. Mientras, seguiremos viviendo muchas noches como ésta.
Fotos: reuters

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